Sobre las obras de este grupo
PARTÍCULA FANTASMA

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La nebulosa, esa materia cósmica difusa y luminosa de contorno impreciso,
es polvo de estrellas exánimes. El rastro bellísimo de la muerte de una
estrella. El ojo, como instrumento de precisión, aquí se pierde inmerso
en los cobalto, los prusia y los índigo. La naturaleza de estas presencias
es así de borrosa. Ya no es el ojo dudando, es el universo como pregunta,
es la pintura como botín imposible.

Desde que tengo memoria, miro atentamente el cielo. De modo directo y también a través de toda la tecnología disponible. Miro el cielo, particularmente las nebulosas, pero también miro el ojo que lo ve.
Cuando cotejo ambas imágenes observo que nebulosa e iris se parecen mucho. Parece verificarse la desfigurada simetría entre aquí y allá.

La atmósfera azul es la herramienta visual para notificarse del espacio y el tiempo. La expresión pigmentada del misterio de nuestra ubicación celeste, la inmensidad del territorio que no habitamos. Las gradaciones y matices posibles para esa inmersión. Partícula fantasma es el modo en que se denominan a unas diminutísimas unidades emitidas por el Sol y otros estallidos, circulando libres desde el nacimiento del universo. Son partículas misteriosas que interactúan
muy poco con la materia. Las que llegan a la Tierra la traspasan así como
traspasan nuestros cuerpos, igual que fantasmas atravesando muros.
Entonces ¿cómo es la huella de un fantasma? A veces, para pintar la
aparición de lo existente es necesario cerrar los ojos y ver, sobre la
pantalla-párpado, las manchas de color residuales, los fantasmas de la luz.